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Obesidad: qué la causa y por qué afecta a la calidad de vida

Noticia publicada por el Diario de Ferrol

  • Eva Anca, nutricionista del hospital Ribera Juan Cardona, explica que «la obesidad puede provocar fatiga, falta de descanso y malestar emocional”.

El momento en el que el sobrepeso deja de ser una cuestión estética y se convierte en el inicio de una enfermedad es cuando el cuerpo agota su capacidad de almacenar el exceso de grasa bajo la piel. A partir de ahí, la grasa empieza a depositarse alrededor de la cintura, en el hígado, en el corazón o en las arterias.

“En este momento pueden aparecer las primeras señales de alarma aunque no tengamos un aumento importante de peso, como son: la elevación de glucosa o triglicéridos en sangre, la tensión arterial más alta y una mayor fatiga”, explica la nutricionista Eva Anca.

¿Cuáles son las causas de la obesidad?

Al contrario de lo que se cree popularmente, su causa no es comer demasiado y moverse poco. El refrán “menos plato y más zapato” reduce la obesidad a un exceso de comida, y, su tratamiento, a comer menos, cuando la realidad es distinta: se trata de comer mejor y de tener en cuenta el resto de factores que intervienen.

La obesidad es una enfermedad compleja que puede ser ocasionada por varios factores. La especialista destaca cuatro de las causas más comunes de la obesidad:

  • La genética: tenemos una predisposición al aumento de peso que puede venir heredada en un 40-70%.
  • La biología: el centro que regula el hambre y la saciedad puede estar desregulado. También pueden influir problemas hormonales que favorecen la ganancia de grasa, como un hipotiroidismo no tratado o que no responde bien al tratamiento.
  • El entorno: vivimos en un ambiente “obesogénico”. Tenemos acceso rápido a alimentos ultraprocesados, con calorías vacías, azúcares y grasas de baja calidad que los hacen más adictivos y con escaso valor nutricional. A esto se suma un sedentarismo creciente.
  • El estrés y sueño: la falta de sueño y el estrés crónicos alteran los mecanismos de hambre y saciedad, siendo un factor añadido que favorece la ganancia de grasa.

¿Cómo afecta la obesidad a la calidad de vida?

Esta patología impacta en todas las dimensiones de la persona. La nutricionista Eva Anca afirma que a nivel físico hace que tareas sencillas como subir escaleras, agacharse y jugar con los niños sean molestas o imposibles por la fatiga y el dolor articular asociado.

A nivel psicológico, por otro lado, es una de las enfermedades con mayor carga de estigma y discriminación social, pues muchos pacientes sufren en silencio sentimientos de culpa, ansiedad, depresión y aislamiento social.

“La obesidad constituye un factor de riesgo para el desarrollo de trastornos relacionados con la alimentación como la bulimia, el trastorno por atracón, el comedor nocturno o el hambre emocional, que busca el refugio en los alimentos para calmar la tristeza o la ansiedad”, añade la especialista.

También es frecuente que estos pacientes hayan realizado múltiples dietas restrictivas a lo largo de su vida, generando frustración y favoreciendo una relación no saludable con la alimentación.

Por último, tal y como comenta la profesional, “la obesidad provoca fatiga, falta de descanso y malestar emocional, que pueden afectar negativamente al rendimiento laboral y al bienestar familiar”.

¿Cuándo acudir a consulta?

“Se recomienda consultar con un especialista si la grasa está localizada principalmente en la zona abdominal y el perímetro de cintura es superior a 88 cm en mujeres o 102 cm en hombres”, explica Eva Anca.

También es conveniente acudir a un profesional “si el paciente presenta patologías de base como diabetes, hipertensión, dislipemia (colesterol y/ o triglicéridos elevados), hígado graso y apnea del sueño, que, unidos a la obesidad, aumentan el riesgo cardiovascular de la persona. O si han aparecido alteraciones en sus analíticas con la elevación de glucosa, triglicéridos y transaminasas”.

Cuando tiene dificultad para regular la ingesta a pesar de estar lleno, o está pensando en comida todo el día, lo que se conoce como “food noise” (ruido alimentario). Este «ruido» suele tener un origen biológico/hormonal.

Además, si el paciente ha intentado perder peso con dietas restrictivas en varias ocasiones, pero recupera el peso perdido, con efecto rebote o ha intentado perder peso con tratamiento farmacológico sin éxito, la ayuda de un nutricionista puede ayudar a encontrar la estrategia adecuada en cada caso.

“Vemos pacientes que han estado en tratamiento con análogos de GLP 1 que no consiguen buen resultado o tienen dificultad para mantener el peso alcanzado, y es que no son soluciones mágicas por sí solas; sin el apoyo nutricional y el ejercicio de fuerza, el riesgo de recuperar el peso al dejar el fármaco es muy alto”, concluye la profesional.