Noticia publicadas por El Progreso Salud
- El 26 de octubre se conmemora el Día Nacional del Daño Cerebral Adquirido. El ictus es el gran responsable, en un 78% de los casos, de esta lesión en adultos. El lucense José Francos se esfuerza para superar las secuelas de un accidente cerebrovascular
La vida puede cambiar en un minuto, aunque muchas veces se nos olvide. Un ictus puso patas arriba la de José Francos el 30 de octubre de 2025. Un año después, todavía se esfuerza para superar las secuelas que este le dejó.
Desencadenantes
José, que entonces tenía 49 años, se había sentido «raro» el día anterior. Durante unos minutos se quedó sin fuerza en el brazo izquierdo, pero como la recuperó rápidamente no le dio importancia. «Pensé que no era nada», recuerda. Él no lo sabía, pero acababa de sufrir un accidente isquémico transitorio, una señal de alerta que nunca se debe pasar por alto, ya que entre un 20% y 40% de estos casos son un precedente de ictus.
El 30 de octubre, el ictus dio la cara. Lo primero que José notó fue «que se me caía el labio superior hacia un lado y me costaba hablar. Le pregunté a mi mujer si ella también lo notaba y me dijo que sí, así que nos fuimos al Hula». Cuando llegó al hospital, ya había perdido el control de todo el lado izquierdo de su cuerpo: «Intentaba caminar, pero solo podía apoyar la punta del pie».
José Francos tomaba medicación para la hipertensión arterial, pero durante su ingreso en la Uci descubrió que había otro factor de riesgo para el accidente cerebrovascular: la apnea obstructiva del sueño. El lucense le pidió al médico que lo atendió que le diera algo que lo ayudara a dormir, ya que llevaba más de medio año con severos problemas de sueño: «Si me acostaba tenía sensación de ahogo, así que estaba incorporado en la cama. Cuando me quedaba dormido, muchas veces aparecía de pie en medio de la habitación sin saber por qué. Me daba pánico pensar en dormir y a veces ya ni me acostaba».
José también fue atendido en neumología, de donde salió con un dispositivo CPAP (presión positiva continua en las vías respiratorias), gracias al «que duermo más o menos bien». Una semana después del ictus fue derivado al Hospital Ribera Polusa para iniciar la rehabilitación.
La rehabilitación
La etapa de rehabilitación en el centro privado lucense se extendió durante cuatro meses. José recuerda que «cuando llegué no movía el lado izquierdo y ahora me defiendo bastante bien. Aún me falta fuerza y tengo limitaciones, pero he mejorado mucho».
José Francos llegó al Hospital Ribera Polusa para iniciar su rehabilitación «en silla de ruedas y cuatro meses después salí caminando con ayuda de un bastón»
Ingresado en la Unidad de Daño Cerebral, fue atendido por fisioterapeutas, psicólogos, terapeutas ocupacionales y logopedas, a los que elogia por su trabajo: «Todos los que me atendieron me demostraron no solo profesionalidad, sino entrega y empatía». José recibía unas cinco horas diarias de rehabilitación, en sesiones de mañana y tarde, que él a veces prolongaba. «Muchos días, yo ya había terminado mis sesiones e iba a la sala de aparatos para continuar por mi cuenta. Me ponía a hacer ejercicio y siempre recibía la ayuda de los profesionales que estaban allí», rememora.
Tras esos cuatro meses, dejó el Hospital Ribera Polusa: «Había llegado en silla de ruedas y salí caminando con ayuda de un bastón». El Sergas prolongó su rehabilitación en el Hula, ahora de forma ambulatoria, aunque a José le hubiese gustado continuar en el centro privado, «solicité una prórroga, pero me la denegaron», explica apesadumbrado.
Daño cerebral adquirido
El 26 de octubre se conmemora el Día Nacional del Daño Cerebral Adquirido. El ictus es el gran responsable (78% de los casos) del daño cerebral adquirido en adultos. Los datos de la Federación Española de Daño Cerebral (Fedace) apuntan a que el 44% de las personas que sobreviven a un ictus desarrolla discapacidad grave. Las secuelas afectan al nivel de alerta, control motor, recepción de información, comunicación, cognición, emociones y actividades de la vida diaria de esas personas.
Puede que José Francos no manejara esas cifras, pero era totalmente consciente de que su vida había cambiado. Había tenido un ictus y sobrevivido, pero las secuelas eran muy graves y «tuve miedo, mucho. El peor momento fue cuando llegué a Polusa, al verme tan mal. Estaba totalmente incapacitado y no sabía cómo iban a ir las cosas».
Las cosas no han ido mal, pero José no va a hacer ninguna celebración el 30 de octubre. «Sé que hay gente para la que es como un cumpleaños, pero a mí solo me trae muy malos recuerdos». La especialista que lo atiende le ha dicho que, al cumplirse un año del accidente cerebrovascular, la recuperación entra en una fase más lenta, aunque se pueden conseguir nuevos avances. A José le gustaría seguir contando con apoyo en su rehabilitación, ya que «ahora me pago yo el gimnasio y un entrenador personal, pero no son especialistas. Hago lo que puedo, como todos los pacientes».