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“La dislexia mal gestionada puede provocar frustración temprana y baja autoestima”

Noticia publicada por el Diario de Ferrol

  • Sara Dopico, logopeda del hospital Ribera Juan Cardona, nos da las claves para identificar y tratar la dislexia en la infancia y sus consecuencias en la adultez

La dislexia es un trastorno específico del aprendizaje por el que se dan dificultades en la lectura o escritura: en precisión, velocidad, fluidez o comprensión. Aunque también se pueden manifestar alteraciones en la velocidad de procesamiento, memoria, organización o secuenciación, habilidades motoras y de percepción visual.

Sara Dopico, logopeda del hospital Ribera Juan Cardona, explica que “la dislexia afecta a entre un 5 y un 15% de los niños en edad escolar, dependiendo de la lengua y cultura. Tiene base neurobiológica, frecuentemente relacionado con herencia familiar, y es independiente de la estimulación y el entorno socio-familiar; puede aparecer a pesar de presentar una capacidad intelectual media y recibir una rutina educativa adecuada”.

La dislexia en el desarrollo y el aprendizaje

Las dificultades en lectoescritura no se manifiestan del mismo modo en todos los niños; su intensidad varía en cada persona. “Podemos observar niños a los que le cuesta la adquisición del lenguaje, con un inicio en el desarrollo motor o de habla tardíos o problemas motores, que luego manifiesten complicaciones en el aprendizaje lectoescritor, errores frecuentes al leer en voz alta, escritura desorganizada o poco legible y escasa comprensión lectora”, afirma la logopeda.

“Además de en el lenguaje, la dislexia influye en el resto de las áreas académicas, por ejemplo, en la comprensión de los problemas matemáticos o del contenido de ciencias. Esta situación, mal gestionada, puede provocar que los niños eviten tareas que impliquen lectura o escritura, frustración temprana y baja autoestima”.

¿Cómo se aborda la dislexia desde la logopedia?

Sara Dopico explica que cuando un niño llega a consulta se mantiene una entrevista inicial con la familia para conocer información personal y familiar, la historia clínica y aspectos que puedan ayudar en la valoración e intervención, como es el desarrollo del habla, el desarrollo motor, su relación con el entorno, hábitos, rutinas, etc.

En el caso de existir sospechas de un trastorno lectoescritor se realizan test de valoración que permitan medir sus capacidades de lectura, escritura y lenguaje, identificar dificultades y habilidades en el proceso de aprendizaje y planificar una terapia eficaz.

¿Cómo deben actuar las familias?

La dislexia infantil requiere de intervención profesional pero también de un entorno doméstico estructurado que facilite la consolidación de las estrategias propuestas en terapia.

“Es fundamental que las familias establezcan una rutina de lectura y escritura breve pero diaria, jugar con dinámicas que refuercen la conciencia fonológica, proponer lecturas conjuntas de libros que sean de interés para el niño o formular preguntas orales para asegurar la comprensión lectora”, aclara la especialista.

Es importante no presionar al niño, trabajar con él en períodos cortos y reforzar cada pequeño avance. Además, buscar actividades en las que destaque puede ayudarle a ver un progreso favorable y que esto le mantenga motivado, enseñándole que el trabajo constante ofrece recompensas.

“Debemos recordar que el proceso de aprendizaje requiere paciencia y el objetivo de los padres debe ser comprender, acompañar y seguir las recomendaciones del profesional que nos asesore, involucrándose en las actividades que realiza el niño”.

Consecuencias de una dislexia no tratada en la edad adulta

La dislexia en la edad adulta afecta a alrededor del 4% de la población. Sin embargo, la investigación en población adulta es relativamente escasa en comparación con la realizada en niños.

Al tratarse de un trastorno del lenguaje persistente, muchas personas no son diagnosticadas en la infancia y llegan a la edad adulta sin identificar esas barreras. Sus manifestaciones varían a lo largo del desarrollo y evolucionan según lo haga el individuo, pero siguen afectando a la vida personal, laboral e incluso emocional.

“Los adultos con dislexia son personas con dificultad para comprender textos extensos o muy técnicos, con muchos errores ortográficos y necesidad de apoyarse en herramientas digitales como correctores o lectura lenta, dificultades para recordar nombres, fechas o instrucciones escritas”, aclara la profesional.

Es por ello que pueden sentirse infravalorados en su trabajo, además de presentar una baja autoestima arrastrada ya desde la infancia por esas dificultades no resueltas. Las personas que son diagnosticadas en la adultez suelen responder con alivio al empezar a comprenderse mejor a sí mismos.

Características generales de una persona con dislexia

Aunque tanto las características como su intensidad varían mucho entre individuos, Sara Dopico las resume en las siguientes:

  • Alteraciones en el habla: sustituciones, omisiones o sustituciones, así como dificultad para la producción de palabras largas o la repetición de frases.
  • Nociones temporales y espaciales alteradas.
  • Lateralidad cruzada (por ejemplos, mano derecha y ojo izquierdo dominantes).
  • Complicaciones para seguir instrucciones y aprender o mantener rutinas.
  • Alteración de la conciencia fonológica, silábica y ortográfica y caligrafía deficiente.
  • Proceso de aprendizaje lectoescritor lento.
  • Errores frecuentes en lectura en voz alta, con sustituciones, omisiones e inversiones de fonemas.
  • Escasa comprensión lectora debido al esfuerzo de decodificación, con la fatiga cognitiva consiguiente.
  • Dificultad para organizar ideas por escrito, errores gramaticales y contenido pobre, en comparación con su capacidad oral.
  • Problemas para memorizar contenido escrito, lentitud en la realización de exámenes escritos, para tomar apuntes y mala gestión de los tiempos (se quedan sin tiempo realizando un examen).
  • Sensación de “esfuerzo constante” e incomprensión que puede desembocar en abandono escolar.
  • Baja autoestima que continua en la edad adulta si no gestiona adecuadamente.