El ictus es una de las principales causas de discapacidad en adultos y una emergencia médica en la que cada minuto cuenta. Una actuación rápida puede salvar vidas y reducir de forma significativa las secuelas que pueden derivar en un daño cerebral adquirido.
Con motivo de las iniciativas de sensibilización sobre el ictus y el daño cerebral adquirido que se desarrollan a finales de octubre, los especialistas del grupo sanitario Ribera recuerdan la importancia de reconocer los síntomas de alarma y acceder cuanto antes a una atención médica especializada. Hoy te contamos en esta entrada al blog de salud del grupo cómo reconocer esas señales y por qué actuar a tiempo marca la diferencia.
Qué es un ictus
El ictus se produce cuando se interrumpe el flujo sanguíneo que llega a una parte del cerebro o cuando se rompe un vaso sanguíneo cerebral. Como consecuencia, las neuronas dejan de recibir oxígeno y nutrientes, lo que puede provocar daños neurológicos en cuestión de minutos.
La rapidez en el diagnóstico y el tratamiento es fundamental. Cuanto antes se atienda al paciente, mayores serán las posibilidades de recuperación y menores las secuelas posteriores.
Las señales de alarma que no debemos ignorar
Ante cualquiera de estos síntomas, es imprescindible llamar a los servicios de emergencias de inmediato:
- Pérdida súbita de fuerza o sensibilidad en la cara, brazo o pierna, especialmente en un lado del cuerpo.
- Dificultad repentina para hablar o comprender lo que se dice.
- Alteración brusca de la visión en uno o ambos ojos.
- Problemas de equilibrio, coordinación o mareo intenso de aparición repentina.
- Dolor de cabeza muy intenso y diferente al habitual, especialmente si aparece de forma súbita.
Una forma sencilla de identificar un posible ictus es comprobar si la persona puede sonreír con normalidad, levantar ambos brazos al mismo tiempo y hablar con claridad. Si alguna de estas capacidades está alterada, hay que actuar sin demora.
Cuando el cerebro necesita rehabilitación
El ictus es una de las causas más frecuentes de daño cerebral adquirido, una lesión que también puede producirse por traumatismos craneoencefálicos, tumores, infecciones o falta de oxígeno en el cerebro.
Las secuelas pueden afectar a la movilidad, el equilibrio, el lenguaje, la memoria, la atención o incluso la autonomía para realizar actividades cotidianas. Sin embargo, una intervención especializada y temprana puede mejorar notablemente el pronóstico.
Por eso, la rehabilitación neurológica debe comenzar lo antes posible y adaptarse a las necesidades específicas de cada paciente. El objetivo es favorecer la recuperación funcional, potenciar las capacidades preservadas y lograr la máxima independencia posible.
Un abordaje multidisciplinar para recuperar la calidad de vida
La recuperación tras un daño cerebral adquirido requiere la participación coordinada de diferentes profesionales. Dependiendo de cada caso, pueden intervenir especialistas en neurología, medicina rehabilitadora, fisioterapia, terapia ocupacional, logopedia, neuropsicología y apoyo emocional.
Además del trabajo con el paciente, el acompañamiento y la formación a las familias resultan fundamentales durante todo el proceso de recuperación.
Recursos especializados para la recuperación neurológica
El grupo Ribera cuenta con equipos especializados en neurorrehabilitación y atención al daño cerebral adquirido, con programas diseñados para abordar tanto las secuelas físicas como las cognitivas y emocionales.
Hospitales como Ribera Virgen de la Caridad y Ribera Polusa cuentan con unidades específicas orientadas a la recuperación funcional y a la mejora de la calidad de vida de las personas que han sufrido un ictus u otras lesiones neurológicas, mediante tratamientos individualizados y seguimiento profesional continuado a medio y largo plazo.
Cuidar los factores de riesgo también es prevención
Aunque no todos los ictus pueden evitarse, es posible reducir significativamente el riesgo siguiendo hábitos saludables:
- Controlar la hipertensión arterial.
- Mantener niveles adecuados de colesterol y glucosa.
- No fumar.
- Realizar actividad física de forma regular.
- Seguir una alimentación equilibrada.
- Limitar el consumo de alcohol.
- Acudir a revisiones médicas periódicas.
La prevención, el reconocimiento precoz de los síntomas y el acceso rápido a una atención especializada son las mejores herramientas para disminuir el impacto del ictus y del daño cerebral adquirido.
Porque cuando hablamos de cerebro, el tiempo también es salud.
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