El médico gijonés Eduardo Carreño, especialista en adicciones, alcanza los 4.000 pacientes atendidos: «El cannabis es una droga peligrosísima y hay una percepción de riesgo muy baja»

Entrevista publicada en La Nueva España el 21 de octubre de 2026

  • «Queremos empezar a hacer desintoxicaciones hospitalarias de opiáceos bajo anestesia en menos de 10 horas»
  • «Lo que más me gusta de estos 40 años de trayectoria es cuando vuelve un paciente y nos dice que sigue bien y que no consume nada»

El médico Eduardo Carreño Rendueles (Gijón, 1960) empezó a tratar en Gijón a personas con problemas de adicciones en 1986, en la Clínica Médico Psicológica Asturias, y más tarde compaginó esas labores con las de responsable de la Unidad de Desintoxicación del Hospital Ribera Covadonga. Fue hace un año y medio cuando pasó a centrar su actividad profesional en la jefatura de la nueva unidad de Tratamiento de Conductas Adictivas del Hospital Covadonga. Tras estas cuatro décadas, Carreño atendió este lunes a su paciente número 4.000. 

¿Qué significa llegar a esta cifra?

Por una parte, siento orgullo de haber podido estar tanto tiempo dedicado a una cosa que me gusta y que me apasiona. Además, ese número quiere decir que la gente entiende que estamos haciéndolo bien. Por otra parte, me da pena pensar en cuánta gente ha tenido que ser atendida y cuántos han pasado por esas mismas situaciones y no han podido ser atendidas por causas económicas, de distancia o de desconocimiento.

¿Cómo recuerda el inicio?

La cifra que acabamos de alcanzar nos dice que hemos tenido casi 100 pacientes por año, pero es cierto que hubo épocas más complicadas como la epidemia gorda de la heroína. Hasta el 1996 el consumo de heroína era salvaje. Había meses en los que teníamos dos o tres inicios por día. Era una auténtica locura. Eso fue evolucionando en el tiempo y, ahora, la gente que acude lo hace porque vienen rebotadas de otros sitios y no han conseguido la abstinencia o que están tan fastidiadas que no lo pueden conseguir en ningún otro sitio. Por lo tanto, el perfil ha cambiado muchísimo, ya que antes los pacientes eran heroinómanos muy deteriorados físicamente, mientras que ahora la mayor parte son pacientes cocainómanos que están más deteriorados psíquicamente. Por otro lado, los alcohólicos se mantienen más o menos igual.

¿De qué forma ha cambiado la forma de tratar las adicciones?

Ha habido muchísimos cambios. En 1986, la gente consideraba las adicciones como un vicio, pero en las facultades de Medicina y de Psicología se empezaba a intuir que había alguna otra cosa detrás. Ahí se estaba empezando a plantear que había un trastorno psicosocial que no se sabía muy bien cómo funcionaba. Gracias a las investigaciones que se hicieron, hoy en día conocemos las bases neurobiológicas de la enfermedad adictiva y sabemos cómo actuar.

¿Cuáles son las que más preocupan en la actualidad?

La adicción que realmente debería preocuparnos mucho, aparte del tabaco, que eso está claramente en descenso, es el tema del cannabis. Los fumadores de cannabis solo acuden a este tipo de unidades cuando tienen un deterioro psíquico importante o cuando se ha producido un deterioro comportamental demasiado exagerado. Si no, ellos creen que pueden fumar y que no pasa nada y que el cannabis es una droga inocua. Y el cannabis es una droga peligrosísima que está con una percepción de riesgo muy, muy, muy bajo y que causa un montón de problemas a mucha gente.

¿Está excesivamente normalizado el consumo de ciertas drogas?

Sí. La percepción social del riesgo está muy disminuida porque la gente considera muy normal consumir cocaína, alcohol o cannabis. Hoy en día, críos de entre 14 y 17 años salen y consumen y no ven raro el hecho de consumir ni ven un deterioro o una razón específica para no hacerlo.

¿En qué momento se encuentra la unidad que lidera?

Fue un gran avance tener esta unidad para integrar la consulta externa, la ambulatoria y la hospitalaria dentro del mismo centro. Eso nos da muchas ventajas de manejo y abre posibilidad de interconsulta. Además, ahora estamos con varias novedades. Por un lado, estamos atendiendo a pacientes extranjeros, de Inglaterra y de los países anglosajones, porque hay una serie de tratamientos que hacemos aquí y allí no se hacen.

¿Y la otra línea de trabajo?

Estamos empezando a plantearnos ahora es hacer desintoxicaciones hospitalarias de opiáceos bajo anestesia entre 6 y 10 horas. Es algo que está planificado, pero aún nos faltan permisos. Queremos empezar a hacerlas el año que viene. Esto sería un gran avance, ya que disminuiría el riesgo de lo que se había hecho hasta ahora y sería mucho más fácil la intervención. En Estados Unidos están muy interesados en esto por la epidemia de fentanilo que tienen allí. El hecho de que esto se pudiera hacer es algo que les abre muchas puertas.

¿Cuáles son los problemas de Asturias relacionados con las adicciones?

Uno es muy evidente, que es la espera. Hay mucha gente que llega a Atención Primaria con este tipo de problemas y hasta que se le recibe en Salud Mental y después es derivado a un dispositivo específico, pasan meses. Eso, para una persona que consume a diario, es algo inaceptable. Por desgracia, es algo que se da en toda la Sanidad en los tiempos actuales. Y el otro problema es que la gente tiene una baja percepción de riesgo y no conoce que puede recurrir a este tipo de unidades. La gente que consumía heroína en los años 80 y 90 sabía que tenía un problema. La gente que ahora consume alcohol y cocaína necesita deteriorarse mucho para darse cuenta de que tiene un problema. Y eso retarda el tiempo de entrar en tratamiento y aumenta los problemas.

¿Con qué se queda de estos 40 años?

A lo largo de estas cuatro décadas nos han dado premios nacionales e internacionales y hemos dado ponencias en más de 10 países, pero lo que más me gusta es cuando vuelve un paciente después de unos años y dice que sigue bien, que se casó, que tiene dos hijos, que está trabajando y que no consume nada de nada. Eso es lo que más me gusta. También me quedo con saber de forma objetiva que estamos logrando abstinencias mantenidas en al menos un 35% de casos.

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