- La adaptación progresiva de las rutinas y el acompañamiento emocional ayudan a disminuir el estrés y facilitan la transición a las aulas.
- Mantener horarios regulares de sueño y comidas, y asegurar una buena hidratación son medidas clave para reducir el riesgo de crisis de cefaleas.
El cerebro de un niño con predisposición a la migraña es especialmente sensible a los cambios bruscos, y el regreso al colegio supone la alteración de varios factores que, como consecuencia, pueden activar procesos migrañosos. Mónica Villar, neuropsicóloga del hospital Ribera Povisa, recomienda que “si el menor ha manifestado este problema en años anteriores, debería acudir al psicólogo con el objetivo de apoyarle en una transición escolar saludable”.
“Una migraña no es un simple dolor de cabeza ordinario, sino una enfermedad neurológica crónica y compleja que se caracteriza por una hipersensibilidad del cerebro ante estímulos internos y externos. El dolor es solo el síntoma más visible de una tormenta neurológica que afecta a todo el cuerpo”, explica la neuropsicóloga.
Mónica Villar añade que el caso de los menores es diferente a los adultos. Sus crisis suelen ser más cortas (una o dos horas), el dolor afecta a ambos lados de la frente (en los adultos suele ser en un solo lado) y lo definen como un latido dentro de la cabeza. Normalmente está acompañada de síntomas digestivos como vómitos, mareos o dolor de barriga.
A diferencia de un dolor de cabeza común, la migraña puede obligar al niño a interrumpir sus actividades habituales ya que le molesta mucho la luz y el ruido. Además, empeora con la actividad física o el movimiento.
La neuropsicóloga del hospital Ribera Povisa señala cinco factores que pueden actuar como detonantes de crisis por cefalea en niños y adolescentes:
- La alteración radical de los ritmos de sueño: durante el verano se suelen flexibilizar los horarios de sueño. La vuelta al colegio puede romper los ritmos circadianos, desestabilizar neurotransmisores y activar el sistema trigeminovascular, que libera sustancias inflamatorias que generan dolor.
- Los picos de estrés y ansiedad por el cambio de clase o profesores o la presión por las notas provocan una liberación de cortisol y adrenalina que genera tensión en el cuello y en la mandíbula, altera el flujo sanguíneo cerebral y disminuye el umbral del dolor, haciendo que cualquier estímulo active una crisis.
- Los cambios en la alimentación en cuanto a horarios y tipo de alimentos, unido a que, en muchos casos, suelen olvidar beber agua durante el recreo. Las fluctuaciones en los niveles de azúcar en sangre, así como la deshidratación (aunque sea leve) pueden actuar como disparadores de la migraña.
- La sobreestimulación sensorial, por ruido, luces o aumento de tiempo frente a pantallas en el aula, produce fatiga cerebral que puede desencadenar en una crisis.
- El “efecto bajón del fin de semana”, conocido popularmente como migraña de descompresión: al liberar el estrés acumulado durante la semana, se produce una dilatación de los vasos sanguíneos cerebrales que lleva a intensos dolores de cabeza justo durante los días de descanso.
Cómo preparar a los niños emocionalmente para el inicio de las clases
“Lo principal es validar lo que están sintiendo. Permitir tiempos para que expresen su ilusión por volver a ver a sus compañeros, su curiosidad por conocer la clase que les ha tocado, los profesores, pero también las temores y dudas que tienen”, afirma la profesional.
“A su vez, es importante ir adaptando las rutinas: adelantar progresivamente la hora de dormir las semanas previas y asegurarse de que respeta las comidas y bebe lo suficiente. También podemos utilizar calendarios, organizar el material escolar en familia para disminuir la ansiedad anticipatoria”.
Una vez se hayan incorporado a las aulas, es crucial que la vuelta a las actividades extraescolares sea progresiva y que se evite saturarles con exceso de deberes. Mónica Villar insiste también en que se comunique al colegio si el menor padece migrañas.
Cuándo consultar con un especialista
“Si las cefaleas o dolores estomacales persisten más de tres semanas, son muy intensos o interfieren con el rendimiento escolar, los pediatras recomiendan acudir a un especialista para diseñar un plan de manejo personalizado que combine pautas de estilo de vida, y, si fuera necesario, tratamiento médico”, declara.
“Además, si el menor ha manifestado este problema en años anteriores, se aconseja acudir al psicólogo con el objetivo de enseñarle técnicas de regulación emocional que garanticen una transición escolar saludable y minimicen el impacto físico del estrés, evitando de esta forma crisis de migraña en niños y adolescentes”, concluye la profesional.
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