04 Jun Dr. José Vicente Tuells: «La no vacunación es una temeridad con lamentables consecuencias»

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La Voz de Galicia / R.Romar

04/06/2015

 

 

José Vicente Tuells, director de la Cátedra de Vacunología Balmis, profesor de Medicina Preventiva en la Universidad de Alicante y director del mismo servicio en el Hospital de Vinalopó, es uno de los mayores expertos en inmunización. Asegura, pese al caso de Olot que se debate entre la vida y la muerte, que «no podemos hacer obligatoria la vacunación por decreto».

P-¿Es una barbaridad que, hoy en día, los padres no vacunen a los hijos?

R-Es una temeridad. Una decisión así supone asumir un riesgo que puede tener lamentables consecuencias. La ignorancia es atrevida, la información sesgada también. A veces se piensa que «si los otros niños están vacunados el mío está protegido», hasta que le toca al tuyo y te das cuenta de que el riesgo asumido te salió mal.

P-¿Qué porcentaje de niños no reciben vacunas?

R-La cobertura en España está por encima del 97 % para las tres dosis de diferentes vacunas que se reciben durante el primer año de vida, la revacunación del año y medio desciende un poco, bajando hasta niveles del 80-85% los refuerzos de los 5-6 años. Por lo tanto, pocos niños, no llegan ni al 5 %, están sin vacunar.

P-Es el caso del niño de Olot. ¿Existe algún riesgo para los niños no vacunados?

R-Los bien vacunados están protegidos. Los contactos que haya podido tener el niño no deben alarmarse, salvo si su vacunación es incorrecta. Las autoridades sanitarias, en prevención de un brote epidémico, deben comprobar el estado vacunal de los contactos e inmunizar a los no vacunados, tal y como se hizo.

P-¿Cómo pudo contagiarse?

R-No conviene especular, quizás algún portador crónico o alguna persona procedente de algún país donde todavía hay casos. La OMS reportó 4.680 casos en el mundo en el 2013.

P-¿Por qué crece el movimiento antivacunal en España?

R-En primer lugar hay que situar la baja percepción de gravedad sobre algunas enfermedades, lo que nos crea una falsa sensación de seguridad. Hemos perdido el respeto a enfermedades como el sarampión, la polio o la propia difteria, porque ya no se producen en nuestro medio. En España no hay un movimiento antivacunal importante. Sí existe, por el contrario, una fuerte circulación de información en Internet que propicia un auge o viralidad de críticos que muestran su rechazo a la vacunación.

P-¿Tiene alguna base científica el rechazo a las vacunas?

R-Existe una preocupación en algunos padres sobre su seguridad, lo que les lleva a la duda. Es labor de los sanitarios establecer una buena comunicación con los padres, explicar y persuadir sin imponer. Los niveles de seguridad de las vacunas son muy altos, pero como todo producto biológico pueden tener algún efecto adverso que son menores que los que se producirían si se pasara la enfermedad. Es muy importante comunicar el riesgo de manera objetiva.

P-¿Debería ser obligatorio que los padres vacunen a sus hijos? Hay quien incluso pide la cárcel para el que no lo haga.

R-En España ha funcionado muy bien el sistema de recomendar en lugar de obligar. Hay un debate entre los que creen que la responsabilidad es individual frente a los que creen que es colectiva, ya que protegiendo a tu hijo también proteges a los de los demás evitando un problema de salud pública. Pedir la cárcel es un poco exagerado, en mi opinión. El problema del rechazo a las vacunas se ha de resolver desde la comunicación persuasiva.

P-¿Cómo sería el mundo sin vacunas?

R-Volveríamos a la época en que la mayor mortalidad la producirían las enfermedades infecciosas, hace apenas 100 años. La difteria, por ejemplo, fue la enfermedad más temida y con mayor mortalidad entre 1880 y 1920. Merece la pena recordar la gran labor de un discípulo de Pasteur, el médico Vicente Llorente, que inició en España la fabricación del suero antidiftérico en 1885, salvando muchas vidas.

P-¿Podríamos asistir al resurgimiento de enfermedades ya extintas, como la viruela?

R-Es la única enfermedad extinta. El virus dejó de circular en 1977. Pero sería muy fácil asistir a un resurgimiento de la polio, la enfermedad más estigmatizante del siglo XX.

Un varapalo para el movimiento antivacunas

Es uno de los mayores avances médicos de la humanidad, han salvado a millones de vidas -cada año entre dos y tres en el mundo, según la OMS-, pero las vacunación generalizada se enfrenta a un mayor número de críticos que, en la mayoría de los casos sin un fundamento científico, deciden no vacunar a sus hijos, lo que no solo pone en peligro sus vidas, sino también, si se extiende el número, las de los que están a su alrededor. Esta reflexión es la que defendieron ayer buena parte de sociedades médicas ante el caso del niño de Olot, que sigue en estado crítico porque sus progenitores no quisieron inmunizarlo contra la difteria.

Los pediatras, por ejemplo, han denunciado los «movimientos que están proliferando sobre la no vacunación infantil con argumentos poco científicos» y aseguran que los efectos secundarios, donde los escépticos centran sus críticas, «son prácticamente inexistentes». A esta línea se sumó el ministro de Sanidad, Alfonso Alonso, quien alertó sobre el hecho de que «empieza a haber un discurso peligroso que se hace por parte de algunas personas irresponsables en contra la vacunación, que ha salvado millones de vidas y que es fundamental». La Asociación Española de Vacunología, preocupada porque los padres no inmunicen a sus hijos, va más allá y expresa su intranquilidad por la «pérdida de confianza de la población en las autoridades sanitarias», pese a que el porcentaje de vacunación infantil en España supera el 90 %.

Begoña Domínguez, presidenta de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria, entiende que el movimiento antivacunas en España aún está lejos del de Estados Unidos, pero pide no bajar la guardia. «Las vacunas no están exentas de tener alguna complicación, pero sus beneficios son exponencialmente mayores que los riesgos», dice.

Estos riesgos son en los que se sostiene la postura de la Asociación de Afectados por Vacunas, que denuncian la falta de información, e incluso las mentiras, sobre la composición de los tratamientos y su toxicidad. «La mayoría de los médicos desconocen sus efectos adversos», apunta Noelia Vivar, cuya hija murió tras serle administrada la vacuna hexavalente.



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