26 May La importancia de armonizar lo público con lo privado

El Economista / Eugenio M. Recio

26/05/2015

 

Con motivo de la crisis económico-financiera y por la necesidad de un mayor control de la política presupuestaria se está repitiendo, una vez más, la necesidad de la colaboración público/privada (CPP) para mantener el mal llamado Estado del Bienestar (EB).

El tema, de una forma o de otra, está apareciendo en los programas electorales de todos los partidos. Lo curioso es que se presenta como una gran innovación, algo que ya se descubrió y se formuló en un modelo sistematizado después de la Segunda Guerra Mundial y que, además, se ha consagrado en el Tratado de Lisboa, como sistema de ordenamiento económico-social de la UE. Pero lamentablemente, como es poco conocido por los economistas americanos tampoco se le presta demasiada atención por los europeos.

Aunque el sistema se llama Economía Social de Mercado (ESM), propiamente lo que pretende es combinar la actuación de un mercado libre y de competencia (sector privado) con un Estado (sector público) que ha de establecer las reglas para que ese mercado funcione en servicio del bien común de toda la ciudadanía, ha de vigilar el cumplimiento de esas reglas y ha de responsabilizarse de organizar las actividades que, por diversos motivos, no se puedan confiar al mercado para que todos los ciudadanos, cualquiera que sea su situación, participen del bienestar general.

De aquí el calificativo de “social”, que se aplica al sistema en el que el mercado ha de ser un factor fundamental de ese bienestar pero que sólo podrá estar garantizado si existe un Estado competente, consciente de su responsabilidad económica y social.

Relación de lo público con lo privado

El modelo pretende, por tanto, la colaboración entre lo público, que organiza el Estado y lo privado que caracteriza a un mercado libre de competencia. Pero ni lo privado es ajeno a lo público, que establece y vigila las reglas de juego, ni lo público es independiente de lo privado pues el Estado, al organizar los servicios públicos para los ciudadanos que no participan en el mercado, tiene que reconocer las limitaciones que le impone el mercado, respetando su regulado funcionamiento de acuerdo con el llamado “principio de conformidad con el mercado”. El valor de este modelo es que ha tratado de armonizar, de un modo operativo, lo privado con lo público.

El mercado se considera el terreno propio de lo privado porque ofrece al ciudadano libre la oportunidad de desarrollar responsablemente su capacidad creativa y de acceder a los bienes que necesita para su subsistencia. En contra de una cultura, fomentada por el término EB tal y como se acuñó en sus orígenes, en la ESM se considera que el ciudadano normal es el que ha de responsabilizarse de afrontar las contingencias de la vida con sus propios medios, sea financiando con ellos servicios públicos como la sanidad y la educación, cuya gestión puede ser pública o privada, ya que por su naturaleza no puede ser sometida a las estrictas reglas del mercado.

Y para los casos, en los que por causas involuntarias no se tiene, temporal o permanentemente, la capacidad para afrontar las contingencias de la vida, participando en el mercado, ha de haber un sistema público que gestione directamente, o confiando algunas de sus instituciones al sector privado, pero que se financiarán mediante el gasto público. Esta financiación pública estará, sin embargo, limitada por los ingresos que proporcionen los ciudadanos con un sistema fiscal equitativo.

Es claro, por tanto, que ni toda la actividad privada se limita a su participación en el mercado, puesto que organizaciones privadas no lucrativas pueden colaborar en los servicios, cuya gestión no se rige por las reglas del mercado, ni lo público es totalmente independiente de las limitaciones que imponen los resultados del mercado, ni debe ignorar la colaboración que le puede ofrecer ese tercer sector privado en el ámbito que es más propio del Estado, por estar configurado fuera del mercado.

Conocidos los principios y la forma en que están ordenados los elementos esenciales de la ESM, se podrán debatir soluciones concretas para los múltiples casos que se pueden presentar en el día a día de cada colectividad pero, si se procede con el debido respeto a una visión del conjunto se evitarán los fallos debidos a las ideologías, en favor del mercado o del Estado, y a las decisiones desequilibradas, que no tienen en cuenta la dinámica del conjunto.

Así se evitarían la paradoja y los abusos de las grandes fortunas que pueden disfrutar de los servicios públicos de la sanidad y de la educación en las mismas condiciones de los que involuntariamente carecen de los recursos para cubrir las necesidades más elementales, con la consiguiente exigencia de un mayor gasto público o las limitaciones de la oferta de los servicios para los que verdaderamente dependen de una provisión pública.

 



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