03 May El sector demanda un órgano para evaluar la calidad de la gestión en el SNS

La Razón (A Tu Salud) / B. M. / P. P.

03/05/2015

 

Una de las tareas pendientes de la Sanidad española hoy en día es configurar herramientas que sirvan para medir la calidad y la eficiencia de cada uno de los procesos que en ella se llevan a cabo. ¿Quién conoce dónde se hacen las intervenciones cardiológicas de un tipo concreto de dolencia con más éxito ¿Dónde está el TAC más preciso y eficiente Respuestas que sólo una suerte de institución independiente sería capaz de responder gracias a la voluntad de que se pudiesen recoger todos y cada uno de los datos que producen las actividades sanitarias: intervenciones quirúrgicas, hospitalizaciones, tratamientos…

 

Conocer estos datos facilitaría la labor de los gestores para saber cómo hacer un mejor uso de los recursos al alcance. En esto, cabe subrayar que hay que tener en cuenta no sólo la Sanidad pública, sino también la privada y lo que ésta puede ofrecer en un papel complementario, dada la relevancia que ha cobrado a lo largo de los últimos años. En la mesa redonda «La necesidad de un observatorio nacional e independiente que analice los distintos modelos sanitarios del SNS», celebrada la pasada semana en la casa de LA RAZÓN, un grupo de ponentes de alto nivel analizaron las posibles fórmulas para convertirlo en realidad, los porqués de la falta de datos en la Sanidad pública y las lecciones sobre estudios de medidores de calidad y eficiencia que sí que realiza la privada.
En este sentido, Agustín Rivero, director general de Cartera Básica de Servicios del Sistema Nacional de Salud y Farmacia del Ministerio de Sanidad, confiesa que «no evaluamos nada y tendríamos que hacerlo. Esto ayudaría a conocer qué recursos tenemos, qué modelos de gestión son los más adecuados. La Sanidad privada en esto nos supera, ellos sí tiene sus estudios, han progresado mucho. Tendríamos que apoyarnos más en ella, ya que cuenta con un gran prestigio».
Sin duda, la Sanidad privada ha sido pionera en la cultura de la evaluación, como menciona Alberto de Rosa, consejero delegado del grupo Ribera Salud y máximo representante del modelo Alzira de gestión sanitaria. «Nosotros apostamos por ello. Desde el sector privado estamos no sólo interesados en que esto ocurra, bien a través de un observatorio o institución, sino que creemos que la fortaleza y lo que puede aportar el sector privado haría que si pudiéramos hablar con datos en la mano y no con ideas preestablecidas y con posicionamientos abstractos, sería mucho más positivo para profundizar en la colaboración entre el sector privado y la administración».
LA PRIVADA, ¿BUEN EJEMPLO ?
En el mapa de la sanidad española se debe subrayar el crecimiento que ha supuesto la sanidad privada y la relevancia que ha cobrado como complemento indispensable de la pública en muchos procesos, como la compra de tecnología. «En el Ministerio de Sanidad y Consumo se ha producido un alejamiento progresivo de lo que sucede en el sector privado, justo en el momento en el que este sector iba ganando en calidad y cantidad. Creo que se echa en falta un órgano en el que se haga un seguimiento del aseguramiento privado y el cumplimiento de unas normas mínimas asistenciales», apunta Julián García Vargas, economista y ex ministro de Sanidad.
Así, José Martínez Olmos, manifiesta que «tenemos que aspirar a que la Sanidad en España, ya sea pública o privada, tenga calidad y ofrezca con transparencia, en la medida de lo posible, información en la toma de decisiones». Para ello se precisa de un Ministerio fuerte, como menciona Mercé Casas, directora general de Iasist, «a veces se echa en falta un ministerio con autoridad que tenga una capacidad ejecutora real». El problema del Ministerio no es la falta de consenso, sino que llegar a él es toda una aventura cuando en España hay 17 sistemas sanitarios, en los que las transferencias marcan sus actuaciones sin que el Gobierno pueda nada más que «crear líneas de recomendación, hojas de ruta… Lo sencillo es llegar a un acuerdo con cada uno de los representantes autonómicos, lo complicado es que al llegar a sus comunidades cumplan con lo pactado», subraya Rivero. Circunstancia que suscribieron los ponentes de la mesa, que manifestaron además la templanza y el cuidado con el que hay que tratar los temas cuando se intenta comparar resultados o procesos entre autonomías.
Las diferencias asistenciales autonómicas no es nuevo, es un factor que los mismos profesionales sanitarios subrayan y que algunos estudios han puesto de relevancia. «Hemos hecho estudios en los que analizábamos procesos en cardiología y cuya diferencia de resultados de uno a otro era más de un 50. Entonces las sociedades
científicas nos decía: ”sí publicar los datos que nos conviene”. Pero tiempo más tarde, se repite el estudio, mismas diferencias abismales, y como hay un plan desde la Administración, entonces nos piden que ya no seamos tan ”transparentes”. Por esto, hay que crear un observatorio independiente capaz de recopilar y publicar la información tal como es, sin filtros», comenta Casas. En este sentido, Olmos manifiesta que «estamos en un tiempo donde la ciudadanía queremos que, a través de nuestros impuestos o el dinero de nuestros bolsillos, saber cómo se utilizan nuestros recursos y, sobre todo, si se emplean de la mejor manera posible».
Desde el Ministerio, Rivero se muestra favorable a saber y conocer qué hay en el sistema, con qué recursos se cuenta, «podríamos planificar mejor, evitar duplicidades, hay que volver a crear centros de referencia». En este sentido, cabe destacar que el debate abrió un tema delicado: no todo el mundo tiene que ser bueno en todo ni llevar a cabo todo tipo de procesos, eso no ayuda en la especialización. Además, Vargas advirtió de la necesidad de «contar con un mapa nacional de la inversión tecnológica».
En este tema, como apunta Casas, el Ministerio tiene mucho trabajo por delante. Hay que establecer ratios para cada uno de los procesos, pero en muchos casos hay que tener en cuenta qué hace cada comunidad, «necesitamos llevar a cabo líneas estratégicas», añade Rivero. Una de las ideas que se puso sobre la mesa es que el Consejo Interterritorial no es un parlamento sanitario, sino que se necesita para poner en común y de acuerdo Por ello, la figura de una institución, observatorio o similar sería muy necesario. Pero, ¿cómo? ¿De quién dependería? Olmos propone que podría ser dependiente del Senado, ya que allí se encuentra la representatividad de las comunidades. En cuanto a su funcionamiento, resulta complicado atisbar cómo recoger tanta cantidad de datos como los que produce la sanidad, con el fin de compararlos. «La independencia tendría que ser imprescindible, que fuese capaz de evaluar y ofrecer los datos con trasparencia», apunta Casas, que bien conoce el problema de que pese a realizar un buen trabajo de análisis en Iasist, como consultora sanitaria, en muchos casos se ha tildado de que sus resultados tienen cierto sesgo.
REFERENTE
Pese a las carencias manifestadas sobre el SNS, o Sistema de Salud -ya que algunos ponentes creen que es mejor esta denominación porque puede albergar tanto a la pública como a la privada-, cuando uno sale fuera ve sus fortalezas. «La sanidad privada española goza de un gran prestigio en el extranjero», apunta Rivero. En este punto, los ponentes se mostraron de acuerdo: la Sanidad privada tiene una serie de recursos que la pública debe aprovechar. Algunos ejemplos, son la innovación en equipos tecnológicos, en los que pueden ofrecer un servicio de complementariedad, y también en el aspecto de gestión, en los que modelos como Alcira han obtenido buenos resultados de calidad asistencial desde su implantación.
Otro de los modelos de colaboración es Muface. «Estoy sorprendido de ver cómo deja debilitarse Muface cuando la experiencia más duradera y más fácilmente evaluable de colaboración público-privada en un aseguramiento es público, pero atendido de forma privada y que podría ser referencia para otras experiencias», subraya García Vargas. A lo que De Rosa añade que «es un ejemplo de que lleva muchos años trabajando con el SNS, es un modelo amplísimamente respaldado por todos los usuarios, más de un 85 por ciento de los funcionarios que tienen las posibilidad de elegir, optan por las compañías de seguros. Es un caso a resaltar el que los propios sindicatos pidan al gobierno que suban las tarifas a las compañías de seguros para mantener este modelo de colaboración público-privada».
Sobre la mesa quedaron claros las necesidades de creación de un órgano supervisor de la gestión y de qué formas pueden interactuar la Sanidad pública y privadaPor su parte, Olmos manifi esta que «desde el punto de vista de que sea una colaboración clara, con transparencia, rigor y exigencia en un modelo que, desde la perspectiva de mi partido, debe de ser mayoritaria de provisión pública, pero donde hay espacio para los conciertos y para la colaboración privada de una manera complementaria».

Alberto de Rosa (Consejero Delegado del Grupo Ribera Salud): «Muface y Alzira son ejemplos de éxito de colaboración con el SNS».

Nosotros apostamos por la cultura de la evaluación del sector privado. Si miramos en Europa los países donde hay más colaboración público-privada, justamente es en ellos donde hay mayores niveles de transparencia, de evaluación y de calidad institucional. Por parte del sector privado estamos no sólo interesados en que esto ocurra, bien a través de un observatorio o institución, sino que creemos que la fortaleza y lo que puede aportar el sector privado haría que si pudiéramos hablar con datos en la mano y no con ideas preestablecidas y con posicionamientos abstractos, sería mucho más positivo para profundizar en la colaboración entre el sector privado y la administración. El incremento de la colaboración del sector privado dentro de la gestión del SNS como una cultura de la evaluación y como una necesidad de que podamos avanzar en que haya un observatorio independiente que pueda poner encima de la mesa con total transparencia todos los datos de comparación. Cuando la gente habla de modelos de colaboración siempre hace referencia a dos: los conciertos o los modelos de gestión privada de servicios públicos, pero me gusta incluir un tercero que parece que no tiene debate por parte de nadie y que es Muface. Es un ejemplo de que lleva muchos años trabajando con el SNS, es un modelo amplísimamente respaldado por todos los usuarios, más de un 85 por ciento de los funcionarios que tienen la posibilidad de elegir optan por las compañías de seguros. Es un caso a resaltar el que los propios sindicatos pidan al Gobierno que suban las tarifas a las compañías de seguros para mantener este modelo de colaboración público-privada, y me sorprende que, posiblemente, los mismos actores que critican el modelo de colaboración público-privada defiendan otro modelo similar.



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