01 Sep Sube la tensión en el laboratorio

Actualidad Económica / Beatriz Zúñiga

01/09/2014

 

 

 

Los 1055 millones de euros menos de inversión en el sistema sanitario español entre 2013 y 2014 se notan. Los recortes del Gobierno han afectado al número de facultativos, que en los dos últimos años se redujo a un 5,6%. Sin embargo, han sido los proveedores sanitarios los que más han padecido estas medidas de austeridad, que se suman a la deuda de 5295 millones de euros que la Administración Publica tiene con ellos.

Los laboratorios clínicos son una pieza de la cadena, que ante este escenario, han optado por la concentración empresarial y la tecnología como vías de escape. La principal preocupación es como la crisis puede afectar a su rendimiento, tanto en hospitales públicos como privados, de cuyo trabajo depende el 70% de las decisiones médicas que se toman.

 

Hacia la concentración

En España la actividad de los laboratorios clínicos y sus pruebas mueven un volumen de negocio aproximado de 1000 millones de euros, repartidos entre el ámbito público (75%) y el privado (25%), que capitanean aseguradoras, mutuas y grupos hospitalarios. En la última década, el sector ha reducido drásticamente el número de laboratorios, pasando de 6000 a 1500. Tradicionalmente este mercado, estaba compuesto por firmas pequeñas y familiares, con un radio de acción muy local. Este sigue siendo el perfil general del sector, aunque ahora está claramente dominado por cinco grupos que acaparan el 30% del negocio: Labco, Laboratorio Echevarne, Unilabs, Megalab y Ribera Salud. Cada uno de ellos ostenta una cuota de entre el 5% y el 6%.

El sector público, según Fernando Cava, Director Técnico del Laboratorio Central de Madrid de Unilabs, también ha vivido un “proceso de concentración”, lo que ha afectado principalmente a la gestión de estas unidades. “Se ha tendido a dejar un solo gran laboratorio para dar servicio a los centros de salud y a varios hospitales a la vez, manteniendo independientes algunas unidades muy específicas, como las urgencias”, explica. Un claro ejemplo es el Laboratorio Clínico Central de la Comunidad de Madrid, situado en el Hospital Infanta Sofía de San Sebastián de los Reyes. Con 217 profesionales, da servicio a seis hospitales públicos (Infanta Leonor, Sureste, Infanta Cristina, Henares, Infanta Sofía y Tajo) y a sus áreas de influencia, con más de 150 centros de salud, consultorios locales, residencias y otros, que atienden a una población de casi 1,2 millones de ciudadanos. “La novedad es abandonar la externalización de las pruebas y buscar un modelo de gestión público-privada que obliga a crear una estructura suprahospitalaria”, comenta Mariano Guerrero, director de Planificación y Proyectos de Grupo Ribera Salud, y gerente de la UTE encargada de esta concesión, participada al 45% por la compañía y al 55% por Unilabs.
Las expectativas de nuevos concursos públicos son bajas. Según Guerrero, “al menos siete administraciones se han interesado por este modelo, pero la crisis es un freno, porque se requiere una importante inversión en tecnología e infraestructuras”. De estas inversiones sabe Luis Cortina, director general de Siemens Healthcare España. “El 30% del parque tecnológico sanitario tiene más de 10 años y dentro de otros tres este porcentaje será del 40%, algo que puede mermar la calidad del servicio”, sostiene.
El desarrollo de estos modelos de gestión abre también la puerta a nuevas líneas de negocio para los propios hospitales, como ocurre en el Centro de Diagnóstico Biomédico del Hospital Clinic de Barcelona. Su directora, la doctora Aurea Mira, señala que el nivel de eficiencia del laboratorio es tal que les permite hacer análisis para terceros. “Tenemos unos 300 clientes, todos de pruebas muy específicas que pocos pueden realizar en España.

En 2013, facturamos 400.000 euros y ahora la intención es seguir avanzando en esta línea, que supone un ingreso extra para el hospital”, explica.

 

Sentarse a negociar

Con el parón del sector público, el privado se ha convertido en el principal campo de batalla. Lide Verdugo, que cumple su primer año como consejera delegada de Unilabs una de las mayores firmas del mercado con una facturación de 70 millones de euros-, reconoce que se ha encontrado un mercado muy erosionado. En su opinión, “se ha producido una importante reducción de precios que sigue presionando mucho los márgenes del sector. En este contexto, solo hay dos vías para sobrevivir: competir en precios o apostar por una innovación que permita ampliar el catálogo de pruebas”.

Las compañías han buscado economías de escala a través de la concentración. Un mayor tamaño también les permite ser más fuertes en la negociación de los precios. Según Albert Sumarroca, consejero delegado de Labco en España, aún queda margen para concentrarse más. “No va a consistir tanto en que desaparezcan laboratorios pequeños, como en que se unan en organizaciones mayores”, explica. Esta es la estrategia que ha seguido la propia Labco, de la que la familia Sumarroca posee el 20% del capital desde 2007, cuando General Lab llegó a un acuerdo para fusionarla con la francesa Labco. En los últimos cuatro años, la firma ha incorporado entre ocho y diez laboratorios de análisis y patología, reforzando su presencia en Extremadura, Cataluña, Valencia y Madrid. Un plan de expansión que, según reconoce Sumarroca, está abierto a nuevas adquisiciones.

Pero este proceso de concentración parece no ser suficiente. Según demandan los laboratorios, la caída de precios que vive el sector es consecuencia de la presión que están realizando las compañías aseguradoras y las mutuas para, dentro de su estrategia, ajustar los costes de su cadena de negocio. “Lo que estamos viendo es un cambio de modelo a la hora de negociar los servicios. Se ha pasado de establecer un precio por el tipo de prueba a un tema capitado, es decir, la compañía paga un precio por cada asegurado”, explican Alfonso y Fernando Echevarne, codirector res de Laboratorio Echevarne, que obtuvo un beneficio de 64 millones en 2013.

Esto ha supuesto que el sector asegurador traslade el riesgo de su negocio a los proveedores y sobre todo que, como tacan los Echevarne, “el precio haya caído entre un 20% y un 25%”. Los laboratorios coinciden en que las aseguradoras han compensado la bajada del precio de las pólizas a sus clientes con este nuevo modelo para cerrar los precios de las pruebas, pero se resisten. “Hemos establecido parámetros para mejorar la estimación de la demanda y se trabaja más con los facultativos para incidir en la parte de la prescripción médica”, matiza Echevarne.

Otros agentes que también presionan a la industria con los precios son los grupos hospitalarios privados, que acaban de protagonizar su propio proceso de concentración. Aquí lo que se espera es, según Echevarne, que “continúe esa tendencia tan clara a externalizar los servicios de laboratorio e incluso a buscar nuevas pruebas para diferenciar su oferta médica”.

 

Su respuesta

Verdugo, que como médico tiene una visión menos mercantilista del sector, considera que el desarrollo de nuevos marcadores y pruebas son clave para la subsistencia del sector, sobre todo de aquellos relacionados con la detección de enfermedades genéticas o hereditarias. “En toda esta visión de mercado, la tecnología desempeña un papel determinante, especialmente si tenemos en cuenta que se tiende a la medicina preventiva y cada vez más personalizada. Saber con un simple análisis si un tratamiento será efectivo para un paciente será lo que revolucione la actividad de los laboratorios. Y en esto es en lo que trabajamos ahora mismo”, matiza.

Algunos de estos avances ya son una realidad. Por ejemplo, en marzo de este año un equipo de científicos de la Universidad de Georgetown publicó una investigación sobre cómo detectar el alzhéimer analizando determinados niveles de lípidos en la sangre. Las compañías coinciden en que el futuro vendrá por el campo prenatal, la nutrición, la genética, las enfermedades degenerativas y el cáncer.

“Los seguros y los hospitales privados, incluso los propios ciudadanos, tienen cada vez más interés por este tipo de  pruebas, que han crecido en torno al 20% durante los últimos años. Un crecimiento que se va a mantener los próximos años”, puntualiza Sumarroca.

Para lograrlo, el punto de partida tecnológico de los laboratorios es la automatización de sus cadenas de análisis, un terreno en el que España fue pionera al inicio del siglo XXI, justamente con el hospital barcelonés Clinic. “En España existen 60 instalaciones ya automatizadas, tanto dentro del ámbito privado como público. Una cadena de máquinas y aparatos que superan los 50 metros de longitud. Somos líderes europeos en la implantación de estos sistemas, aunque los grandes referentes siguen siendo Estados Unidos y Japón”, señala Cortina. El ejemplo de laboratorio tipo es el Clinic de Barcelona, equipado por Siemens, que analiza 5.000 muestras al día, lo que supone unas 1.600 peticiones al día y 5,5 millones de resultados al año. “El nivel actual de automatización permite un ahorro del 10% respecto a las cadenas anteriores”, apunta Mira.

 

¿Amigos o enemigos?

Para los responsables del laboratorio Echevarne, tras la automatización el sector tiene que dar un segundo paso y mejorar “las tecnologías de la comunicación, que van a permitir realizar las pruebas directamente en la cama del paciente”. Desde Siemens consideran que el futuro pasa por dotar a los hospitales de laboratorios con capacidad para hacer mayor número de pruebas con la misma muestra, y automatizar procesos aún muy manuales, cómo el almacenamiento de los tubos o el preparado de las muestras.
El papel protagonista que tiene cada vez más la innovación no ha dejado indiferente a los laboratorios, que han visto cómo las grandes firmas tecnológicas de material médico han aterrizado en su mercado. Algunas compañías lo han interpretado como una amenaza, mientras que los profesionales de bata blanca se muestran más conciliadores. “La tecnología no puede aportar ese ojo clínico que da sentido al trabajo del laboratorio, pero no podemos prescindir de ella”, recuerda Cava.

Como enemigos o como amigos, lo que está claro es que quien dé con la tecla tecnológica adecuada se convertirá en el rey del laboratorio.



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