15 Ene Sanidad público/privada en el PSPV

Levante-EMV / Jesús Civera

15/01/2014

 

 

Las primarias están para deliberar, y se debate sobre contenidos, no sobre diseños y maquillajes. Hasta el momento, a las del PSPV, solo se ha presentado un candidato, Toni Gaspar. Sus convicciones son sanas pero su discurso es impasible, volcado sobre el diálogo generacional. Puig es el pasado, yo el futuro, es la conclusión.

Comprendido. Pero ¿ hay algo más? Poco, si se admite a continuación que se comparte el «programa« del secretario general. Es el eterno bucle del PSPV, que se inició hace ya 20 años y del que no logra emanciparse. Según ese círculo inmutable, la renovación de las personas es más importante que la renovación de las ideas. Los que tenemos una cierta edad –todos aquellos que vivimos la transición democrática– habitamos en un limbo gracioso: estamos condenados de antemano. A ver si Gaspar ayuda a que nos paguen la prejubilación, al menos.
Más allá de las biologías –y biografías–, sin embargo, se halla la vertiente de los proyectos sociales. Y da la sensación de que el PSPV no ha entendido el mensaje: el electorado amaga una cierta intención de abandonar al PP pero no para comprar una entrada hacia el abismo. Como repitió el sociólogoIgnacio Urquizu, la sociedad valenciana es sobre todo conservadora. Y las mayorías sociales se ganan atrayendo a las clases medias. Si se las espanta, el PSPV está perdido.
Una de las caras de la renovación que trasluce la idea progresista es la de alejarse de los prejuicios añejos para adaptarse a las nuevas realidades sociales. Para bucear en el pasado ya está el conservadurismo, sujeto por la ortodoxia. ¿Qué hacer con un estado de bienestar en crisis? La respuesta socialista suele ser, en algunos aspectos, conservadora, extraída a menudo del baúl del lenguaje de los setenta. Se trata de quedar bien con unos sectores sociales y poco más. Después, todo son dudas. Si el Estado no puede sufragar los servicios básicos –no entremos ahora en las causas– y si papá Estado se va sustituyendo por el control de la administración sobre los servicios, ¿no es una imprudencia admitir que habrá un giro estatalizador de la sanidad mixta, como proclama el PSPV? Por lo que uno conoce, la gente está satisfecha con el hospital de Alzira, más o menos como se puede estar con La Fe, el Arnau o el General, siendo esos centros lo que son: estancias de sufrimiento. La etiqueta público/privada no parece repeler al vecindario de la Ribera, ni disminuir los efectos medicinales. No sé. Ante los déficits estructurales del Estado, presentes y futuros, ¿el propósito socialista no es estéril en sí mismo, e inconveniente para lograr mayorías sociales? Quizás en las primarias se resuelva el trance deliberativo.



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