22 Mar ¿Incentivar solo con dinero? ¡No, gracias!

Medical Economics / Jose Mª Martinez Garcia

22/03/2013

 

 

 

Leo con gran interés cómo la Conselleria de Sanitat, en Valencia, destinará este año 18.5 millones de euros a retribuir en variable a los profesionales del sistema sanitario que sean más eficientes. Y no es la única comunidad autónoma. Es una muestra de que se confía en los esfuerzos extra y en la Implicación de los profesionales sanitarios y, además, se les intenta reconocer. Ya Ribera Salud, hace años, fue pionero en instaurar un sistema de incentivos por objetivos y desarrollo de carrera profesional en los hospitales públicos de Alzira y Torrevieja, gestionados por ellos.

 

Siempre me ha parecido ideal que en el mundo sanitario se apliquen medidas típicamente empresariales. Y es justo que se premie a quien más méritos haga y a quien sea más responsable y eficiente. Aparenta ser muy sencillo, es el momento de alabar la meritocracia y la productividad pues, si pretendemos tener una sanidad pública y universal para todos, y de calidad, nadie puede no estar de acuerdo en que cobren más los que trabajen más y mejor. Y aunque sean funcionarios, que ya está bien de hablar tanto sobre los ciertos privilegios nocivos adquiridos por algunos pocos de ellos, y tan poco sobre el nivel real de motivación para muchos, tan estancado en España.

 

Pero mucho cuidado: son momentos de profundas reformas en el mundo sanitario y no solo con dinero fruto de incentivos se satisface a los profesionales; esta visión de ellos sería lamentable y falsa. Hay otros aspectos profesionales a valorar que les pueden afectar y no se “compran” con dinero. Y me refiero a que cuando se producen cambios en la organización, ellos deben sentirse los principales: de hecho deben ser los mejores conocedores de su ámbito y no sentirse amenazados en sus competencias.

 

Por ello, no me complace contemplar cómo políticos significativos de este país, aunque dicen estar a favor de promocionar cambios en el sistema sanitario incluyendo a los servicios sociales, a los profesionales de la salud pública y a la relación clínica-paciente, no lo hacen, al menos con la intensidad necesaria. Eso sí, en cuanto dejan el cargo, lo recomiendan denodadamente y de forma algo falsa a sus sucesores, escribiendo libros o a través de conferencia.

 

El desarrollo competencial de los profesionales sanitarios es muy alto. Ellos saben donde están las ineficiencias, las pérdidas, las “inversiones no imprescindibles”, y tienen una gran capacidad innovadora utilizable en un ambiente motivador. E insisto: la motivación profesional no es solo económica, sino que la mayoría de los profesionales son constructivos y sensibles a participar en la gestión sanitaria en la medida y ámbito que les corresponde.

 

Y a diferencia de otras corrientes y opiniones, promovidas solo por los sindicatos, muchas veces de forma interesada, entre los elementos sensatos del sistema observo, alentadoramente, que se vuelve a no pensar tanto en la idea economicista de la salud como objeto de mercado medida solo en actos asistenciales y ahorro, aunque el entorno de crisis obligue a recortar recursos. Al menos como pensamiento que vuelve, renace. La salud no es compatible con una reducción de costes, sin garantizar los resultados previsibles, a medio y largo plazo.

 

Pero habrá que derribar ese asentado tabú de solo valorar como productivo el acto asistencial y no reconocer otras funciones imprescindibles para potenciar la salud ciudadana, como la estratificación de la población del área, el desarrollo de programas de educación sanitaria y la coordinación multisectorial, crear espacios para la comunicación entre profesionales con actuaciones planificadas en pacientes concretos, la formación, la investigación de resultados en salud, etcétera. Y que estas funciones estén reconocidas y preservadas en la organización de un sistema sanitario innovador y orientado al futuro y a la eficiencia.

 

Una medida estimulante para ello debe ser la de satisfacer la necesidad de la formación de los alumnos de Medicina en los aspectos sociales y de comunicación con el paciente que, sin duda, influirán en la aparición de un recuperado paradigma de la asistencia sanitaria en todos los ámbitos. Pero también es importante resaltar que este cambio dirigido por los profesionales debe ir dentro de un marco de gestión en el que los beneficios reviertan en los servicios.

 

Lo anteriormente descrito es una idea que en los momentos actuales, en los que los profesionales sanitarios están en una situación de gran desmotivación, es casi imposible llevar a cabo. Pues bien, lancemos un mensaje optimista y pensemos que con este tipo de incentivos, económicos y no, se ponen las cartas encima de la mesa, se separa el grano de la paja y se acabará con tópicos generalmente injustos, premiándose lo necesario: la cultura del esfuerzo, de forma objetiva y mediante diferentes indicadores.

 

En nuestra Sanidad hay extraordinarios profesionales, de los mejores del mundo. Es su turno… ¡a demostrarlo!



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