29 Feb EL "Modelo Alzira", 13 años después

Las Provincias / José Forés Lahoz

29/02/2012

 

 

Desde que el 1 de enero de 1999 el Hospital Universitario de la Ribera abrió sus puertas como toda una novedad en el sistema de salud español, los 230.000 habitantes de la comarca (hoy, cerca de 300.000) para los que en principio fue construido vienen estando en muy buenas manos. Una afirmación que adquiere valor ‘notarial’ dado que nos llega con insistencia desde fuera, desde ámbitos no valencianos, calificando al HR de Alzira como uno los mejores de España.

En el transcurso de estos trece años de funcionamiento, el Hospital de la Ribera ha incrementado y modernizado sus recursos de atención sanitaria, gracias al innovador modelo de gestión basado en la fórmula jurídica de la concesión administrativa, que mantiene la titularidad pública y la gratuidad de la asistencia sanitaria, y que dentro y fuera de nuestras fronteras ya hace tiempo que se conoce como el ‘Modelo Alzira’. Si a lo largo de todo el año el HR funciona a pleno rendimiento, estos últimos días sorprende la actividad imparable que están llevando a cabo todas sus áreas, en especial la unidad de Urgencias. Por razones excepcionales el articulista ha tenido ocasión de comprobar el pasado fin de semana el frenético movimiento de ingresos hospitalarios, motivados principalmente por el incremento de procesos gripales, problemas respiratorios y otras patologías que en buena parte vienen registrándose debido a esas olas de frío tardío y persistente que han hecho trizas la salud de numerosos ciudadanos.A lo largo de los más de 2.000 metros cuadrados destinados únicamente a atender las urgencias, la presencia física durante las veinticuatro horas del día del personal médico, sanitario y administrativo, permiten a cualquier hora del día o de la noche el ‘milagro’ de que decenas de personas de nuestra comarca sean atendidas de la manera más rápida y eficaz. Por cuanto hemos podido constatar, sabemos que el gerente del Hospital de la Ribera, Manuel Marín, se ‘multiplica’ en estas fechas en su función directora y de coordinación, una tarea que pese a su alta responsabilidad no parece muy complicada si tenemos en cuenta el alto valor del capital humano que Marín tiene ante sí.

En boxes hemos visto ejercer su ‘sacerdocio’ (que esa debe ser la verdadera misión del médico vocacional) a un joven y amable doctor Ignacio Pedro Salazar, diagnosticando con precisión y adoptando ipso facto la medida más conveniente para el enfermo angustiado que demanda ayuda. Y ya en plantas nos ha sido dado asistir al trabajo de vigilancia y control de pacientes que desarrollan los médicos internistas, tales como el doctor Eduardo Rovira, o el doctor Tarazona, o tantos otros que con su trato profesional y carácter familiar saben transmitir un poco de alegría y esperanza a quien sufre enfermedad.

Como deben recordar nuestros lectores, no pocas han sido las veces que desde esta columna le hemos dado ‘caña’ al Hospital de la Ribera por razones justificadas. Pero como reconocer lo que está bien hecho es tan ‘saludable’ y ecuánime como criticar lo negativo, hoy tenemos motivos suficientes para romper una lanza en favor del Hospital de la Ribera, no sólo por su labor como centro hospitalario ejemplar sino por el apoyo que viene prestando a los distintos consultorios y centros auxiliares de nuestros pueblos.



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