23 Sep Abrir el sector público a la gestión privada

La Vanguardia / Silvia Ondategui

23/09/2011

 

 

La pretendida reforma impulsada por el primer ministro británico David Cameron para abrir oficialmente los servicios públicos a la gestión privada, ha quedado, cuando menos, congelada. Estos cambios querían representar la materialización más pura de la idea de la “gran sociedad” con que el primer ministro apeló al electorado en las últimas elecciones. La filosofía de esta decisión se basaba en poner fin a la sobreprotección del Estado. Sobre el papel la idea era sencilla: otorgar a los ciudadanos un mayor control de los servicios públicos, desde los de salud a la enseñanza. Sin embargo la práctica ha demostrado que su puesta en marcha era más compleja de lo que se preveía. Algunas fuentes apuntan a que esta apertura al sector privado podría abrir la vía a la generación de beneficios en el sector público. Esta iniciativa tiene sólo dos excepciones: la seguridad nacional y el sistema judicial. Todas estas propuestas se engloban en un Libro Blanco sobre los servicios públicos.
En nuestro país el modelo mas adecuado debería pasar por incrementar la colaboración entre el sector público y el privado. Ambos tienen cualidades que, debidamente conjugadas, deberían constituirse en elementos fundamentales para abordar la reforma sanitaria. El déficit de nuestro Sistema Nacional de Salud, que acumula casi 15.000 millones de euros, supone un impedimento para garantizar su viabilidad futura. El coste sanitario irá en aumento debido a causas como el envejecimiento de la población, las nuevas enfermedades relacionadas con el aumento del nivel de vida, y la necesaria incorporación de la tecnología punta. Ahora más que nunca esta colaboración, que debe alcanzar a todos los integrantes del sistema de salud (gestores, personal facultativo, clientes, proveedores), resulta necesaria.
Nadie duda que el sistema sanitario debe reformarse para conseguir la eficiencia de la gestión profesional, y para acometer un cambio estructural que permita dejar de tratar a pacientes crónicos en hospitales pensados para enfermedades agudas. Es necesario acometer una revisión de los procesos sanitarios, orientarlos mejor a responder a los procesos clínicos y no a los procesos puramente administrativos. Con ello se pueden conseguir eficiencias significativas en el sistema sanitario. En España, la sanidad es un servicio público de gran calidad que financiamos entre todos y por el que debemos velar implantando mejoras en la gestión.



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